Colegio Oficial de Graduados en Ingeniería de la Rama Industrial, Ingenieros Técnicos Industriales y Peritos Industriales de Gipuzkoa - Historia Colegio Oficial de Graduados en Ingeniería de la Rama Industrial, Ingenieros Técnicos Industriales y Peritos Industriales de Gipuzkoa


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Historia

Coincidiendo con el quincuagésimo aniversario de su constitución, en 2004, COPITIG se embarcó en una audaz tarea: la de elaborar un trabajo sobre el pasado, presente y futuro de la Ingeniería. Para llevar esta idea a buen puerto se contó con la inestimable colaboración de Siadeco, S.C.I. Todo este proceso concluyó con la publicación del libro “Los Peritos e Ingenieros Técnicos Industriales en Guipúzcoa (1850 al 2000)”

Esta publicación pretende constatar la contribución de nuestros compañeros al desarrollo y desenvolvimiento de la economía e industria guipuzcoana, contemplando de una manera breve el desarrollo histórico de los estudios y su inserción en la vida dia­ria, para pasar a abordar —en profundidad— todo lo relativo a la distribución actual de los Peritos e Ingenieros Técnicos Industria­les dentro de los diversos sectores de la economía de Guipúz­coa, y terminar haciendo un intento de proyección de las necesi­dades de nuestra sociedad para el año 2000 y el papel a jugar en dicho momento por los profesionales de la Ingeniería Técnica Industrial.

Si el esfuerzo hecho sirve para testimoniar nuestra aportación al desarrollo de Guipúzcoa y, sobre todo, para orientar a la juventud en la siempre difícil tarea de definir su vocación, pode­mos darnos por satisfechos.

I.1. Antecedentes históricos de la carrera de ingeniero técnico industrial

En Agosto de 1824 se creó en Madrid el Real Conservatorio de Artes, base de las actuales Escuelas Industriales. Allí, se orga­nizaron las enseñanzas de Mecánica, Física, Química y Delinea­ción que, con pequeñas variaciones, fueron impartidas hasta lle­gar a la fecha histórica del 4 de Septiembre de 1850 en que por un R. D. del Ministerio de Comercio, Instrucción y Obras Públicas, siendo Ministro D. Manuel Seijas Lozano, se creaban las Escuelas Industriales, con tres Grados:

  • Elemental
  • Ampliación (en Barcelona, Sevilla y Vergara)
  • Superior (solamente en Madrid)

Los tres Grados eran totalmente cíclicos y se pasaba directa­mente del inferior al superior.

En aquel R. D. de creación se establecía que el título que se confería a los alumnos de las “Escuelas de ampliación”, que estu­diaban en el 40 año la Mecánica Industrial, era el de Ingenieros Mecánicos de 2ª clase.

La primera reorganización de las Enseñanzas Industriales fue promulgada por Ley de Instrucción Pública de 9 de Septiembre de 1857. Ya se mencionan dos peritajes: Mecánico y Químico.

En el programa de estudios de 26 de Agosto de 1858 se esta­blecía que recibirían el título de Perito Mecánico los alumnos que hubieren cursado elementos de Matemáticas, Física y Química, nociones de Mecánica Industrial, Dibujo Lineal, Lengua Francesa, y fueran aprobados en su examen general de estas materias.

Un Real Decreto de 5 de Noviembre de 1886, siendo Ministro de Fomento el Sr. Navarro Rodrigo, vino a crear otras siete Escue­las. Dicen los cronistas de la época que no recayeron en las poblaciones de mayor raigambre industrial, sino en aquellas que gozaban de mayor favor político.

Las Escuelas creadas fueron para: Alcoy, Almería, Béjar, Gijón, Logroño, Santiago y Villanueva y Geltrú.

El 13 de Agosto de 1894 se dividieron las enseñanzas en dos grupos: artístico industrial, el uno, y técnico industrial, el otro.

El 20 de Agosto de 1895 se dispuso que se modificasen los estudios de Peritos Mecánicos-Electricistas, Químicos y Apareja­dores, distribuyendo las Enseñanzas en seis cursos para los pri­meros y en cinco para los segundos.

Un R. D. de 1900 reorganiza las Escuelas de Artes y Ofi­cios Industriales.

En 1901 el Conde de Romanones reformó todas las Enseñan­zas, creando tres Ciclos:

Enseñanzas para obreros.

Enseñanzas de Práctico Industrial.

Enseñanzas de Perito Industrial.

Las Enseñanzas de Práctico Industrial duraban tres años y de ellas se pasaba directamente a las de Perito Industrial, que dura­ban otros tres años.

A partir de ese momento hubo continuas reformas de estas Enseñanzas que sería prolijo detallar, baste como muestra que hubo Decretos y Contradecretos que, tan sólo, duraron quince días.

Un R. D. de 6 de Agosto de 1907, al reorganizar los estudios de las Escuelas de Artes y Oficios Industriales, denominó Peritos Mecánicos-Electricistas a los antiguos Peritos Mecánicos.

El artículo 57 del Plan de Estudios de la carrera de Ingeniero publicado en 1907 disponía:

“Art. 57. Los Peritos Mecánicos, Químicos, Electricistas, Meta­lurgistas, Ensayadores, Aparejadores y Manufactureros que hayan obtenido el título en las Escuelas Oficiales de Artes o Industriales tendrán derecho a ingresar sin examen en la escuela central de Ingenieros Industriales”.

En la Asamblea del profesorado de las Escuelas de Artes y Oficios Industriales celebrada en Madrid en Diciembre de 1915, se tomaron, entre otros, los siguientes acuerdos:

  • Que se disminuya el número de Escuelas en que se cursen los estudios de Peritaje y se arbitren recursos para dotar debidamente las que queden.
  • Que los tribunales para la provisión de cátedras, mediante oposición, estén constituidos por profesores de la misma asignatura que la vacante.
  • Que en el Consejo de Instrucción Pública haya un Conseje­ro representante de las Escuelas y que sea nombrado a propuesta de éstas.
  • Que el personal encargado de la Administración dentro del Ministerio de Instrucción Pública para el control de estas Enseñanzas, sea técnico.

En el año 1922 se clausuró en Barcelona, otra Asamblea del Profesorado de las Escuelas de Artes y Oficios Industriales, y en ella se redactó un proyecto de Estatuto para las Enseñanzas Industriales que abarcaba las Escuelas de:

  • Escuelas de Pre-Aprendizaje.
  • Escuelas Técnicas y Artísticas para obreros.
  • Escuelas Técnicas Secundarias.
  • Escuelas de Técnicos Industriales.
  • Escuelas de Oficios o Industrias Artísticas.
  • Escuelas de Ingenieros Industriales.
  • Escuelas de Arquitectura.
  • Escuelas Superiores de Arte.

También se propuso dividir el territorio nacional en unos gran­des distritos industriales, en los que se debían establecer Poli­técnicas.

Pero esta Reforma no prosperó.

Por Decreto de 15 de Marzo de 1924 se dispuso que pasasen a depender del Ministerio de Trabajo, Comercio e Industria, las Escuelas Industriales que hasta entonces habían pertenecido al Ministerio de Instrucción Pública.

Por Decreto de 19 de Marzo de 1924 se creó una Comisión encargada de redactar un Proyecto de Organización de la Ense­ñanza Técnica.

Después de varios meses de reuniones de la Comisión que sirvieron para delatar la falta de unanimidad de la misma y las posturas encontradas en defensa de intereses contrapuestos, fue­ron los técnicos del Ministerio de Trabajo quienes redactaron el Estatuto de Enseñanza Industrial de 31 de Octubre de 1924.

Por este Estatuto se organizaban las Enseñanzas en tres clases:

Enseñanzas obreras, cursadas en las Escuelas de Trabajo (para oficiales y obreros).

Enseñanzas profesionales, cursadas en las Escuelas Industriales (para Peritos).

No había transcurrido un año cuando se nombró una nueva Comisión formada por cinco secciones de siete miembros cada una para informar a la superioridad y dictaminar en todas las cuestiones de la Enseñanza Técnica en los tres Grados establecidos.

El día 6 de Octubre de 1925 se aprobó el Reglamento Provi­sional para la aplicación del Estatuto del 24.

El 20 de Enero de 1927 se publicó un extenso Reglamento para el Orden y Funcionamiento de la Comisión Permanente for­mada por 35 miembros.

Dicha Comisión no escapó a la norma universal de ineficacia de las comisiones multitudinarias.

Por R.D.L. de 23 de Octubre de 1928 se promulgó un nuevo Estatuto de Formación Profesional, con la finalidad de formar per­sonal auxiliar del Ingeniero, dejando sin tratar aquellas facultades de los Peritos que no se derivasen de una calidad de ayudante.

Poca vida tuvo este Estatuto, que sólo duró hasta Diciembre de 1928. Siendo Director General D. César de Madariaga se pro­mulgó, con fecha 21 de Diciembre, un nuevo Estatuto.

En el nuevo Estatuto se tomó como base las Oficinas de Orien­tación Profesional y las Escuelas de Preaprendizaje, sobre las que se apoyaban las Escuelas de Trabajo, para la formación de Oficiales y Maestros obreros y las Escuelas Industriales para la formación de Auxiliares Industriales y Técnicos de diversas espe­cialidades.

En el mes de Mayo de 1930 se celebró un Congreso de Alum­nos de Escuelas Superiores de Trabajo, tomándose acuerdos encaminados a mejorar la Enseñanza.

En Septiembre de 1931 pasaron a depender del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, las Escuelas Elementales y Superiores de Trabajo.

El 9 de Octubre de 1931 se creó una Comisión Técnica dependiente de la Subsecretaría del Ministerio de Instrucción Pú­blica al objeto de que reorganizase la Enseñanza Profesional, pro­poniendo las reformas pertinentes.

Esta Comisión fue disuelta por la Dirección General de Ense­ñanza Profesional y Técnica en 1932. Entre otros, la Comisión acordó lo siguiente:

Reformar los planes y métodos de la Enseñanza Secunda­ria y exigir por igual a los que siguen las carreras universi­tarias y las de Ingeniería y Arquitectura.

2º  Establecer estudios preparatorios, intermedios, entre la Segunda Enseñanza y la Enseñanza Técnica Superior, cuya duración sería de tres años.

3º  Organización independiente de las Enseñanzas Técnicas Superiores.

4º  Selección del profesorado de la Enseñanza Técnica, en las Escuelas Especiales.

  Los Cuerpos Técnicos Militares se nutrirían con técnicas civiles complementarias de la especialidad.

6º  Enseñanzas Técnicas Auxiliares para la formación de Auxiliares de Ingenieros, dependiendo dichas enseñanzas de las Escuelas Técnicas Superiores.

  Dotación de medios económicos para el acceso a las Escuelas.

  Organización de estudios de investigación.

Por Orden Ministerial de 31 de Marzo de 1941 (BB.00. del Estado de 6 de Abril y 26 de Mayo) se implanta un Plan de Estu­dios para la formación de Peritos Industriales en las especialida­des de Mecánica, Electricidad y Química.

Por Decreto de 22 de Julio de 1942, se reorganizan las Es­cuelas de Peritos Industriales, estableciéndose que la Carrera conste de dos Grupos o Cursos preparatorios y tres de carrera propios de cada especialidad.

La O.M. de 16 de Agosto de 1948 dicta Normas para los exá­menes de ingreso señalando también las materias del primer cur­so común de los estudios de Perito Industrial y la Orden de 24 de Agosto de 1949 señala las materias que integrarán el segundo año común a todas las especialidades.

Posteriormente la Ley de 20 de Julio de 1957 de Ordenación de las Enseñanzas Técnicas marcó un nuevo acortamiento de la duración de la Carrera y fue finalmente la Ley 2/1 964 de 29 de Abril, Ley de Ordenación de las Enseñanzas Técnicas, aparecida en el B.O.E. del 1 de Mayo de 1964, la que estableció el título de Ingeniero en la especialidad técnica cursada.

Sería prolijo entrar en la consideración de los distintos planes de estudio que se han ido sucediendo a lo largo de los años. El profesor Pérez White publicó en 1985 un extenso trabajo sobre planes de estudio de la Carrera, trabajo que fue editado por la Universidad de Salamanca.

Desde el año 64 hasta nuestros días se han sucedido diversos planes de estudio. En la actualidad nos enfrentamos al reto de la Enseñanza Técnica Cíclica (Oh invento de 1850), en la que habrá que compaginar el acceso directo al segundo ciclo de Enseñanza Universitaria con el contenido propio formativo, en evi­tación de dejar sin contenido profesional práctico a nuestras en­señanzas, que sería el peor servicio que se podía prestar a la sociedad.

I.2. La enseñanza industrial en Guipúzcoa en los siglos XVIII Y XIX

Al comienzo de esta exposición se ha indicado que una de las Escuelas Industriales creadas en virtud del Real Decreto de 1850 estaba ubicada en Vergara.

A primera vista tal vez puede extrañarnos su localización y que junto a Barcelona y Sevilla fuera Vergara donde se situara la tercera Escuela, pero si nos fijamos en la historia de nuestra pequeña provincia, apreciaremos inmediatamente la inquietud que por mejorar la cultura y el conocimiento de sus moradores ha existido siempre. En 1545 se produce la apertura de la Universi­dad de Oñate, que permanece abierta hasta el año 1807 en que es cerrada por Godoy y por EsDartero, definitivamente clausurada en 1842.

Esta misma inquietud queda reflejada en las Juntas Generales celebradas en Villafranca, el año 1763, en las que el azcoitiano Francisco Xabier María de Munibe e Idiakez, Conde de Peñaflo­rida, propusiera su “Plan de una Sociedad Económica o Acade­mia de Agricultura, Ciencias y Artes Útiles y Comercio adaptado a las circunstancias y economía particular de la M.N. y M.L. provin­cia de Guipúzcoa” siendo el mismo aprobado en las que se cele­braron en Azcoitia al año siguiente.

Los socios fundadores de esta Sociedad se reunieron por pri­mera vez la víspera de Navidad de 1764, en la Casa Palacio de Insausti, en Azcoitia, y tras diferentes modificaciones de sus esta­tutos, por Real Orden de 14 de Octubre de 1770, Carlos III la eleva al título de “Real Sociedad Vascongada de los Amigos del País”, cuyo objeto era “el de cultivar la inclinación y el gusto de la Nación Vascongada hacia las Ciencias, Bellas Artes y Artes”.

Esta inquietud es lógica consecuencia de la necesidad que, ante la incipiente realidad industrial de la Provincia, se viene sin­tiendo de aumentar los conocimientos de aquellos que, principal­mente, se dedicaban a trabajar el hierro desde muchos años antes, beneficiados por la existencia de grandes bosques que proporcionaban la madera para la elaboración del carbón vegetal que se utilizaba en las primitivas ferrerías, así como de las nume­rosas regatas utilizadas en la obtención de energía hidráulica apli­cada al accionamiento de los martinetes de las forjas, como fue­ron los ferrones de Oyarzun e lrún a quienes Alfonso XI concedió en Burgos el 15 de Mayo de 1328 el Fuero de las Ferrerías y a los de Mendaro expidió cédula a su favor en 1335, habiendo confirmado aquél Juan 1 “a los vecinos de Oyarzun, de algunas franquezas por causa de las herrerías, dado en Burgos, año de mil e cuatrocientos y dieciséis”.

Y fue en la Cuenca del Deva donde se inició la fabricación de las armas de fuego manuales de España, confirmando en el siglo XV los Reyes Católicos, por medio de sus Pragmáticas, la importancia de la armería vasca, siendo producto y obra de la organización gremial el establecimiento en Placencia el año 1573 de las “Reales fábricas de armas portátiles de fuego y blancas de guerra”, que no fueron propiedad del Rey ni del Estado, sino que comprendían el conjunto de talleres, independientes entre si, integrados en los gremios que se estaban asentando en la Comarca.

Algunos años antes de la creación de la Real Sociedad, la Cuenca del Urumea estaba sumida en la fabricación de anclas y anclotes para la Real Armada, para lo cual Fermín de Guilisasti se trasladó a Holanda donde al tiempo que practicó el espionaje in­dustrial se posesionó de las técnicas de su fabricación, introdu­ciendo y mejorando en su ferrería de Arrazubia algunos procedi­mientos técnicos.

En 1750 se firmó con la Villa de Hernani el asiento para “pro­veer en cuatro años veinte mil quintales de hierro en anclas y an­clotes para servicio de la Real Armada”, fabricadas en la ferrerías de Ereñozu, Fagollaga y Picoaga.

En 1752 había en nuestra Provincia “69 ferrerías labrantes y corrientes”.

Hacia el año 1770 se monta en Rentería la primera “fandería” del País Vasco y de España, destinada a la fabricación de cuadra­dillo o perfiles rectangulares de pequeña sección a partir de llan­tones o pletinas, y las siguientes instaladas en Guipúzcoa lo fueron en Deva y Oñate en el último cuarto del siglo XVIII.

Inmersos en este experimento industrial la Real Sociedad Bas­congada del País procede a su creación máxima: el “Real Semi­nario Patriótico Bascongado”, denominado así originariamente, para ir cambiando sucesivamente de denominación hasta la últi­ma que fue de “Real Seminario de Bergara”, que estuvo prece­dido de una “Escuela Provisional” también a cargo de aquella y cuya apertura tuvo lugar el 4 de Noviembre de 1776

Por Real Orden de 23 de Julio de 1804, Carlos IV lo acogió bajo su protección y gobierno inmediato, declarándolo entidad dependiente del Ministerio de Estado.

Desde sus comienzos en el Seminario, entre otras materias, se cursaba Física experimental, Química y Mineralogía, Humanida­des, Matemáticas, Dibujo, Diseño, Estadística, Latín, Francés, Inglés e Italiano,

Entre sus profesores los hubo también extranjeros de recono­cida valía como, por ejemplo, fueron Francisco Chavanoux y el químico Luis José Proust.

En sus laboratorios, el año 1786, Fausto Elhuyar y Subiza, jun­to con su hermano Juan José realizó dos importantes experimen­tos al conseguir aislar el “wolfram”, separándolo del wolframio, pentóxido de wolframio en realidad, que era considerado como una impureza, de intenso color azul y difícil de eliminar, del mineral de hierro que se encontraba bajo la explotación de cal que se estaba llevando a cabo en la zona en que hoy se halla el campo de fútbol de Agorrosin, y descubrir que se trataba de un nuevo metal, que en lo sucesivo llevaría el nombre del mineral en que lo encontraron, si bien hoy está reconocido internacionalmente denominarle alternativamente tungsteno.

Se favorecía igualmente la incipiente investigación que en aquel tiempo podía darse, por lo que en las Juntas Generales de la Sociedad que se celebraron en Vitoria el año 1766 se acordó conceder un premio de mil reales a quien demostrase por medio de cálculos matemáticos cual de las tres especies de barquines de ferrerías conocidos hasta entonces era la mejor y otro de qui­nientos para el que diese el modo más barato y económico de tri­llar el trigo.

La Sociedad Bascongada no se limitó solamente al Seminario de Bergara sino que creó o fomentó el establecimiento de otros centros escolares limitados, como fueron las Escuelas de Dibujo de Tolosa, Vitoria y Bilbao.

En Tolosa se iniciaron los trámites el 5 de Diciembre de 1806 y el 8 de Noviembre de 1807 se determinó su apertura, debiéndo­se instruir a sus alumnos “en el dibujo de la figura y adorno, en la Aritmética común, de decimales y en la Geometría práctica”, habiéndose acordado en 1853 aumentar el número de sus asignaturas.

Las enseñanzas que se imparten en este Seminario es induda­ble que para aquellos años suponían una dedicación considera­ble hacia las de carácter técnico, lo cual confería a aquél una mar­cada orientación hacia el estudio de los diferentes ingenios que entonces se utilizaban, alcanzando sus alumnos importantes co­nocimientos de lo que hoy denominamos ingeniería.

No tiene, pues, nada de particular que en uno de los cambios de denominación que se produjeron en el Seminario, como arriba hemos dejado citado, se le designara, en virtud de Real Decreto de 24 de Marzo de 1851, como “Real Seminario Científico Indus­trial”, siendo su director el zumayano D. Carlos Uriarte que había llegado en 1846 a la Cátedra de Matemáticas después de ser Diplomado Arquitecto.

Es a partir de este momento cuando Guipúzcoa comienza a tener sus primeros titulados Ingenieros. Desconocemos, por el momento, quiénes fueron ellos y a qué actividad se dedicaron.

Lo cierto es que la industria guipuzcoana continuaba desarro­llándose y en ello tuvieron que influir lógicamente los Ingenieros procedentes del Centro de Vergara, durante los treinta años que estuvo funcionando como “Real Seminario Científico Industrial”, hasta su cesión al Obispo de Vitoria.

Queda patente que Vergara fue un foco cultural de enorme trascendencia, lo cual tuvo su importancia decisiva a la hora de la creación y localización de las Escuelas Industriales, puesto que las Enseñanzas que en el Real Seminario se habían impartido se anticiparon a las que posteriormente se cursaron en estas Escue­las de las que salieron los primeros Ingenieros Mecánicos de Segunda Clase.

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